Wimbledon se viste de rojo y amarillo… ¡finalmente!
3 Comments Published by César Pinto julio 6th, 2008 in Grand Slams, Jugadores
Era el conocido duelo entre el mejor ataque y la mejor defensa del circuito. Se veía venir un partido cerrado, prolongado hasta un quinto set, y a todas luces decidido por la capacidad de concentración y tranquilidad que pudieran mostrar los dos primeros jugadores del mundo en los momentos claves del partido, esto último algo en lo que ambos son también, los mejores exponentes.
Sin embargo estas predicciones quedaron cortas, pues el espectáculo y la adrenalina que se vivieron, fueron mucho más intensas que las del año pasado…
Esta final de Wimbledon 2008 nos citaba al medio día, asegurándonos un espectáculo de calidad, nervios a flor de piel, y el aliciente de ver enfrentarse a los dos mejores y más completos tenistas los últimos tiempos.
Uno pensaría que contra las armas de Roger Federer: El mejor servicio, la mejor derecha, el mejor juego de bolea, la superficie en la que se siente más a gusto, y una solidez mental inquebrantable, un oponente normal no tendría mucho que hacer; y en efecto así es, prueba de ello es que no había perdido ningún set en el actual Grand Slam, y llevaba ya 65 partidos ganados consecutivamente sobre hierba, algo de verdad prácticamente increíble.
Pero increíble es también la defensa que Rafael Nadal suele sacar a relucir cuando es exigido al máximo; sin lugar a dudas, es la mejor cualidad que tiene el manacor, a parte de su actitud ganadora, y su también muy sólida concentración…
En un comienzo, en que la lluvia hizo retrasar por espacio de treinta minutos el inicio del encuentro, el español capturaba mediante un juego perfecto (es la única manera de ganarle al suizo en esta superficie), los dos primeros sets: 6-4 / 6-4.
Fueron casi dos horas de extrema emoción y buen tenis, en las que ambos dispusieron de varias oportunidades para quebrar el saque de su contendor, pero Rafa supo -desde luego, con muchas dificultades- salir airoso en dos ocasiones y más importante aún, supo mantener esta ventaja ante la enorme presión que Federer le imponía sobre su servicio.
Nadal pudo terminar todo en el tercer parcial (cosa que nadie hubiera podido tan siquiera soñar) y repetir la aplastante victoria que obtuvo en Roland Garros ante el mismo oponente, al disponer de un 0-40 sobre el juego de saque de Roger pero, unas son de cal y otras de arena, y ante un juego excepcional del último, finalmente no pudo ser.
La lluvia volvió a hacer su aparición cuando el tercer parcial estaba en su punto más álgido: 5-4 a favor del suizo, y el manacor al servicio.
Al regreso, ya renovados, más tranquilos, y seguramente con alguna atención por parte de los preparadores físicos, nadie daba su brazo a torcer, lo que derivó en un desenlace de tie break, que finalmente cayó del lado de la máquina suiza: 7-6 (7-5).
El cuarto set fue más del mismo nivel, juego tras juego, punto tras punto, una lucha sin cuartel que sólo podía dar fin del mismo modo que el set anterior: con otro tie break. Nadal tuvo aquí una nueva oportunidad para cerrar el partido, pero Federer, de la mano de un passing shot de otro mundo, se encargó de que este maravilloso espectáculo se prolongara a un quinto y definitivo parcial, vía otro 7-6 (10-8).
El resurgir de Roger y su victoria en el cuatro set dio lugar a una última batalla en la que para ganar debes hacerlo por dos juegos de diferencia. En pocas palabras, debes romper el saque de tu rival y mantener esa rotura con tu servicio.
La emoción en este punto ya era indescriptible. Juego tras juego, posibilidad de quiebre tras posibilidad de quiebre, derechas y reveses impresionantes, subidas ganadoras a la red, saques imparables, defensas inauditas, todo lo que uno puede imaginar es lo que estos dos grandes jugadores nos ofrecieron en este último combate, que ponía sobre la mesa la continuidad de un reinado de cinco años.
Nuevamente, nadie daba signos de flaqueza ni de cansancio. Con un estado mental llevado a su máximo nivel, el enfrentamiento era parejo, de igual a igual, y eso es algo que no me esperaba de Nadal, el que demostrara que ahora sí podía vencer a Federer en cualquier terreno y bajo cualquier nivel de presión.
Al final, alguien siempre tiene que perder. El desequilibrio llegó cuando casi era ya de noche, en el quinceavo juego. El español consigue romper el servicio del suizo, y ahora sacaba para llevarse la gloria que tan esquiva le fue el año pasado. Creo que a ninguno de los que vio el partido en su totalidad, les ha sido posible mantener la calma en esta instancia. Se jugaban la continuidad de una era o el comienzo de otra; se jugaban el igualar el record de Borg o el de Manolo Santana; se jugaban el dejar atrás la sombra de Roland Garros o el reaparecer de sus fantasmas; se ponían en juego muchísimas cosas y Rafael Nadal, no sin antes tener que salvar las apuros que Roger Federer le hizo pasar, terminó llevándose todo. Con este tenis, el marcador es lo que menos importa: 9-7 en el set definitivo.
Así se escribió la mejor y más larga final de todos los tiempos en el Torneo de Wimbledon, y probablemente también, una de las mejores en toda la historia de este deporte.
Termina así un reinado absoluto sobre césped, de 65 victorias consecutivas, y más importante aún, parece terminar la marcada diferencia que uno notaba entre estos dos jugadores cuando se enfrentaban en esta superficie.
Hoy la mejor defensa triunfó sobre el mejor ataque. Resta ver si además, uno ha presenciado el comienzo de la debacle para Roger Federer ante un rival que hoy por hoy, ya no hay nada que no pueda conseguir.
Gracias y felicitaciones a los dos por ofrecer un espectáculo que estoy seguro, no será olvidado por todos los que amamos este deporte.

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