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Roger Federer entró a la cancha de Indian Wells como cualquier otro día, como en cualquiera de las 41 ocasiones anteriores a estas, en que no perdió un solo partido. Confiado en sus múltiples e incontables armas para deshacer rivales y tumbar a quienes osaran por algún momento jugarle de tú a tú.

Guillermo Cañas entró con la confianza de que iba a hacer lo mejor posible, pero muy adentro de él consciente de que iba a enfrentarse con el fenómeno del momento. Pero todo esto desembocaba también  en que no tenía nada que perder.

Y como no tenía nada qué perder, el argentino jugó sin complejos. Brilló con una luz sacada quién sabe de dónde y martilló con su raqueta con el espíritu de un debutante ante el maestro.

En dos sets corridos puso fin a la marcha del número uno del mundo. El suizo no tuvo su noche. En una hora y 45 minutos dejó ante el argentino su estela de invencible este año. 7 – 5 y 6 – 2 fue el marcador, pero sorpresa es el calificativo para el partido.

Hoy Federer demostró que aún es humano.

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